Propósitos

Después de tomar las doce uvas, le hicieron al Año Nuevo las mismas promesas que habían pactado con su precedente. "Año nuevo, vida nueva", repetían sonrientes entrechocando sus copas, intentando disimular una incómoda sensación de déjà vu.


Equilibrio

La oscuridad envuelve sus cuerpos.
La piel los ilumina.



Una noche especial

Todos los hermanos llegaron desde diferentes sitos, cargados de besos para la madre y de historias que contar a los sobrinos. Ese año, la Nochebuena cayó un 6 de octubre.


Supervivencia

Más tarde, con el tiempo, plantaremos un árbol, pero sólo cuando tengamos pruebas de que es posible empezar de cero en un planeta tan diferente a La Tierra.

Microrrelato escrito para el concurso Relatos en Cadena. La frase de inicio debía ser "Más tarde, con el tiempo, plantaremos un árbol".

Metamorfosis


Con el corazón a cien y los oídos aturdidos por los aplausos, el enano miraba su sombra sin terminar de creer el milagro: después de haber vivido cinco años transformado en hombre, volvía a ser él mismo durante unos minutos.

Texo sobre fotografía de Pedro Luengo.
Para ver un vídeo sobre la danza de los enanos, pueden pinchar aquí.

Separación

Dando vueltas, sus vidas se encontraron.
Desestimaron la inercia.

La moneda

1. No sabe si le ayudará a calmar su hambre o a diluir sus recuerdos en alcohol. Lo único seguro es que el resultado no será permanente.

2. Triste destino el suyo, olvidada en el fondo de una gaveta después de haberse involucrado en la vida de tanta gente.

3. Cuando su abuelo le obsequió por primera vez con un billete, la echó de menos.

Microrrelatos escritos para Cuenta 140.

Secretos

Recuerda a papá que baje la tapa. Eso es lo que me dice mi madre al oído siempre que voy a verla. Tendría sentido, si mi padre no hubiera muerto hace cinco años. Yo le digo que sí, que descuide, que se lo diré de su parte. Siempre he tenido claro que la edad le afecta cada vez más, pero hasta hoy no había pensado que algún día me dejará solo. Cuando me acerqué para despedirme con un beso, me dijo muy bajito que no me preocupe, que papá fue a verla esa tarde y ella misma le dio el recado.

Microrrelato escrito para el concurso Relatos en cadena. La frase de inicio debía ser "Recuerda a papá que baje la tapa".

Fallecimiento






La vida sigue.
Pero ya no es la misma.





Fotografía: Margaritas marchitas, de Saray Rojas.

La oficina


1. Un teléfono, un bolígrafo, algo donde anotar e Internet. De momento no necesitaba nada más para su nuevo y arduo trabajo: buscar empleo.

2. Debe ser un reino encantado, con magos, brujas y cosas así... Mi padre está casi siempre en ese sitio, pero nunca me lleva.

3. Tras escuchar las indicaciones sobre el recorrido que tendría que hacer para presentar la instancia, Teseo lamentó no haber llevado el hilo.

Microrrelatos escritos para participar en Cuenta 140: 140 caracteres como máximo sobre el tema "La oficina".

Incomunicación

Fue en defensa propia —decía la mujer al policía sin apartar la mirada del cuerpo inerte de Papá Noel—. Ese hombre entró en mi casa blandiendo un hacha, ¿cómo iba a saber que era un regalo para mi ex marido?.





Señal

Se hunde, pensé. Pero no.
Está de tu parte.



Nanorrelato sobre fotografía de Saray Rojas.

En el último momento

Su carácter perfeccionista le había llevado a decidir en su lecho de muerte, qué epitafio le definía mejor. "Busqué la perfección toda la vida", le parecía una buena opción, pero también podía ser "Busqué la perfección toda mi vida". Su mujer no quería decirle que en realidad era lo mismo, pues sabía lo importante que era esa decisión para él. Simplemente se mantenía atenta a las que iban a ser sus últimas palabras. "Mi vida", decía él, "tiene más fuerza, pero la vida puede hacer que todo el que lea la frase se identifique con ella". Cuando su monólogo cesó, su mujer dio por zanjada la cuestión sin entrar en valoraciones que le parecían totalmente inútiles.

El día del entierro, el éxito del epitafio fue rotundo. Todos alabaron el buen gusto de aquel hombre que desde el lugar donde estuviera los consolaba enviándoles un mensaje de esperanza: "La vida es la peor opción".



Lectura de relatos contra la violencia de género


El pasado 25 de noviembre tuvo lugar una lectura de microrrelatos en la Asociación Cultural Mareando (Santa Cruz de La Palma) con motivo del Día internacional contra de la violencia de género. Desde aquí quiero agradecer a Ana Vidal su iniciativa y su esfuerzo. Disfruten del audio y de los textos (dentro de lo que permite el tema...). Para el audio, dos consejos: 1) Silencien a Zoë Keating pulsando pause...  2) Suban el volumen todo lo que puedan, porque se oye un poco bajo. Ahora sí, ya están preparados :o) 
 




Listas II
(Elisa de Armas, del blog Pativanesca)

Centro de atención a la mujer.
Me acerco y anoto sus nombres: Leda, Penélope, Dafne, Dánae, Medea, Europa… Escuchamos sus relatos y, pese a nuestra dilatada experiencia, casi nos hacen llorar: violaciones, acosos, raptos, abandonos, explotación. Por primera vez se sienten protagonistas. Les buscamos plaza en distintas casas de acogida, les asignamos abogada, procuramos atención psicológica a las más afectadas, convocamos una manifestación de apoyo y nos comprometemos a reescribir sus historias en el tiempo más breve posible.

Monstruo
(David Figueroa, del blog Relatos en Línea)

Estaba tan preocupada por los monstruos que imaginaba bajo su cama, que no se dio cuenta cuándo el príncipe con el que dormía se convirtió en uno.

Incomprensión
(Susana Pérez Santos, del blog Aprendiz de Palabras)

Necesito saber si está enfermo o es un cabrón. No comprendo sus palabras que como cuchillos se me clavan, sus gestos despectivos que me azotan, su alejamiento que me produce frío… Necesito saberlo para amarlo desde la comprensión, porque ahora mismo su amor me produce dolor.


Estocolmo
(Torcuato González Toval, del blog Todo nuevo bajo la luna)

A mi me empiezan a entrar dudas. Desde esta cama veo las flores del jardín, me evocan el día que le comuniqué que me iba y, entonces, me trajo un precioso ramo de rosas. Soy un pajarillo indefenso y tú eres mi cielo, sin ti no soy nada, me dijo con las lágrimas a punto de asomar. Con eso dejaba de cuestionarme otras posibilidades. ¡Es tan dulce y detallista! Vendrá dentro de poco y esta enfermera le pone ojitos. Espero que termine pronto de cambiarme las vendas de las costillas y me traiga un espejo.


Tras los cristales negros
(Pablo Garcinuño, del blog En mal estado)

Las gafas de sol que me trajo el tío Carmelo se convirtieron de inmediato en mi más mejor tesoro. ¡Era un regalo de mayores! Y Carlos se moriría de envidia cuando me viera entrar en clase con ellas. No me las quité en toda la mañana pero cuando fuimos a comer papá me dijo que era de mala educación andar con eso puesto en la mesa. Protesté un poco y le dije que mamá a veces llevaba gafas de sol en casa, incluso en el momento de cenar. Los dos se quedaron en silencio, él y ella, y yo decidí portarme bien. No conviene enfadar a mi padre.


Familia tradicional
(Jesus Esnaola, del blog El Doctor Frankenstein, supongo)

Miren se despierta en mitad de la noche. Siente vacía la otra mitad de la cama. Se incorpora y se sienta en el lateral, las manos frotándose la cara. Alza la cabeza, escuchando, y le llegan el rumor de la teletienda y los ronquidos de Peio que se ha vuelto a quedar dormido en la sala, con el televisor encendido. Rebusca a oscuras en la mesilla hasta encontrar un pitillo suelto y un mechero. Se pone en pie, despacio, y camina con cuidado, evitando los listones de madera que crujen. Entra en el baño, cierra la puerta tras de sí y abre la ventanita que da al patio. Le tiemblan las manos cuando intenta encender el cigarrillo. Da una profunda calada y exhala el humo hacia el patio, espantando moscas después para que el humo no se cuele dentro a delatarla. Entonces oye un gemido, casi inaudible para unos oídos que no sean los de una madre. Otro. Tira el pitillo por la ventana y va a abrir la puerta del baño cuando Jon empieza a llorar. No cariño no llores, por favor, y los gritos son de Jon pero Miren pone las lágrimas, agarrada al pomo de la puerta del baño, sin saber si salir a callar al pequeño o hacer caso a sus piernas y quedarse sentada en el suelo, no llores cariño, vas a despertar a papá.


El monje
(Kum*, del blog Haikum*)

Bebían los vientos por el profesor de yoga. Adoraban su saber enciclopédico, la serena cadencia de su voz, la paz y la luz que transmitían sus palabras, sus movimientos… su mirada. Lo apodaban el monje o el buda y en secreto fantaseaban con la dicha de ser sus novias. Suspiraban…

Esta noche Clara intenta reconocerse en la imagen deformada que le devuelve el espejo. La boca rota, la nariz embarrada aún en su propia sangre, los ojos hinchados, violáceos… Un sobresalto, un escalofrío,… una voz calma, sosegada, que llega flotando desde el salón:

-Mi amor, viene la cena… o me levanto otra vez?


Breve studio de las especies
(Gotzon, del blog Relatos Encallados)

-Ese tic tac que escuchamos hace rato se va acelerando al ritmo que crece la atracción de la hembra por el macho. En esta curiosa especie, la hembra elige normalmente al macho con el que aparearse, no siguiendo un mismo patrón de conducta, se aparea esporádicamente con machos jóvenes y fuertes, pero la cría y convivencia la efectúa junto a otro espécimen más obeso y rutinario. En ocasiones podemos comprobar con horror como éste último termina cruelmente con la vida de la hembra, aún no comprendemos el porqué de esta sinrazón.

Y ahora analizaremos con profundidad otra especie de similares costumbres habitante del planeta tierra, el Humano…


Discusiones fatales
(Miguel Ángel Molina, del blog En 99 palabras)

El llanto invade la casa y no cesa hasta que la puerta de la habitación se abre y Luisito escucha la susurrante voz maternal.

- Nene no llores, ya estoy aquí.

- Mamá tenía miedo, oía voces.

- No te preocupes cariño ya pasó, mamá está ahora contigo. Duérmete amor.

- ¿Cuándo va a venir papá a darme el beso de buenas noches?

- Tranquilo cariño, papá vendrá enseguida.

A los pocos minutos Luisito se duerme sin haber recibido el anhelado beso. No sabe que ninguna otra noche volverá a tener ese beso ni el consuelo de su madre.



Meteorología de andar por casa
(Niñocactus, del blog Borrón y cuento nuevo)

Le gustaban las tormentas, el olor a tierra mojada que presagiaba su proximidad. Un alboroto de pájaros, vuelos y trinos que la anunciaban…

… Y en sus ojos no la vio venir.

Le gustaban las tormentas. El aire comenzando a soplar más y más fuerte. El viento formando remolinos de hojas, papeles…

… Y en su silencio no la oyó acercarse.

Le gustaban las tormentas porque a él le daban miedo; Y odiaba el miedo que él le hacía sentir…

… Y en sus manos no encontró caricias.

Le gustaban las tormentas el agua cayendo, arrastrando, limpiando. Un río sin orilla, sin océano…

… Siempre era lo mismo.

Le gustaban las tormentas porque tarde o temprano acababan.


(Belén Lorenzo)

Empezó criticándole su forma de vestir, pero ella no le dio importancia. Pensó que sólo eran celos, como cuando la dejaba en ridículo delante de sus amigos para sentirse el centro de atención. “Hombres”, pensaba ella, “son todos iguales”. Tardó en darse cuenta de su error, porque era difícil descubrir el engaño. Él nunca le levantó la mano, ni le gritó. Su cuerpo intacto escondía una autoestima apaleada que moría día a día sin que nadie se diera cuenta.

El refugio de María
(Maite García de Vicuña, del blog Historias mayúsculas en porciones minúsculas)

Los insultos, los golpes y los gritos volvían a empapelar la casa. María, tapándose los oídos, fue corriendo a encerrarse en su cuarto. Buscó sus lápices de colores y en un papel en blanco pintó un enorme arco iris. Esbozó una sonrisa. Dibujó una casa roja con hermosas ventanas azules, y una puerta abierta por la que entrar a refugiarse. En el jardín, plantó un cartel prohibiendo la entrada de adultos. Despacio, introdujo primero un pie, después el otro y, finalmente, el resto de su pequeño cuerpo. Cerró la puerta. Allá dentro, los sonidos se quedaron mudos, y se sumergió en el más feliz de los sigilos. Al rato, entró su padre en el dormitorio a buscarla, arrugando el dibujo con furia y tirándolo al suelo. En ese instante los llantos perdieron su afonía y volvieron a retumbar las paredes. Se abrió la puerta del armario y una voz ronca le dijo: -María, mamá se ha caído, nos vamos al hospital.


Reconciliación
(Mª José Barrios, del blog Cuentos Mínimos)

Deja pasar un par de días, no la llames, no le cojas el teléfono. Luego ve a hablar con ella, pero muéstrate frío, distante e incluso cruel en un momento dado. Como si nada de aquello fuera contigo. Utiliza palabras duras, no hagas la más mínima concesión. Dile que no sabes de qué te habla, que son todo imaginaciones suyas. Deja que te grite, que te golpee, que te arañe, que te muerda, que te amenace. Échale la culpa de todo, deja que se derrumbe. Humíllala, apriétale un poco más (sólo lo justo), y entonces empieza a mostrarte algo más comprensivo. Dile algo cariñoso, juguetea con su flequillo. Abrázala, deja que se sienta bien por unos minutos. Convéncela de que te necesita. Miéntele, dile que la quieres. Y sólo al final, si lo consideras necesario, le dices que la perdonas.


Marina vuela
(Ana Vidal, del blog Relatos de andar por casa, a partir de una ilustración de Clara Varela. Será publicado próximamente en el blog Escríbeme una ilustración)

Marina cierra los ojos, el color azul la impregna totalmente y cuando ella también se siente azul, su globo comienza a elevarse.

Poco a poco va abriendo los ojos y empieza a ver pájaros, dando vida y sonido al paisaje. Los mira y se concentra en ellos, contempla su vuelo travieso con un destino prefijado y les imagina historias de amores y hogares por el mundo.

Cuando mira abajo ve los campos que se extienden bajo el aire, ordenados y cuadriculados como baldosas de vida.

Siente como una nube absorbe su globo hasta no ver nada más que la nube, sintiendo su frío y humedad, y por capricho vuelve a soltarlo, inundándose de nuevo de ese color azul con el que se siente tan segura.

El mismo azul de las baldosas del baño, donde María se esconde cuando papá entra en casa dando un portazo.


Monstruos
(Avelino Vallina, de Ebude)

La despertó su aliento de alcohol y tabaco y su cuerpo comenzó a temblar. Ahogó como pudo los sollozos porque no quería que sus hijos la oyeran. Intentaba desvestirse antes de que él le hiciera más daño arrancándole la ropa, mientras él forcejeaba y la insultaba y se enfadaba cada vez más.

La poseyó con violencia, pero ella todavía no sentía el dolor físico, eso llegaría después, ahora se desesperaba con sus gemidos y sus insultos temiendo que los niños pudieran oírle.

El suplicio duró unos minutos eternos, los que tardaron en llegar los golpes y una nueva avalancha de insultos, hasta que, agotado, se quedó por fin dormido.

Se levantó en silencio, se echó por encima lo primero que encontró, se limpió la cara de babas y sangre y se acercó a la habitación de sus hijos con el corazón encogido.

Comprobó aliviada que dormían y regresó a la cama.

Se despertó llena de angustia, estiró con miedo la mano hacia el otro lado de la cama: él todavía no había llegado.

La rueda (2)

Creía que su vida era lineal, pero se equivocaba. En algún momento indefinido, giraba para devolverlo una y otra vez al punto de partida.

Microrrelato escrito para participar en Cuenta 140: 140 caracteres sobre el tema "La rueda".


La rueda

Aliviados, miran la rueda pinchada agradeciendo la buena suerte que han tenido. La Muerte, resignada, los despide hasta la próxima.

Microrrelato escrito para participar en Cuenta 140: 140 caracteres sobre el tema "La rueda".

Amiatcompa

Tardaron mucho tiempo para encontrar la palabra que definiera exactamente lo que sentían. No encajaba bien en amor, ni tampoco en amistad. Era algo a medio camino entre una cosa y otra, pero no sabían nombrarlo. Atracción le quedaba demasiado estrecha, y hubiera sido injusto encerrarlo entre sus límites. Compañerismo les parecía muy fría, pasión un poco hueca. "Amiatcompa", pensaron, "ésa es la palabra justa". Estaban felices: ya tenían un término preciso que explicara la unión de ambos. Nunca pensaron que mientras tanto se había convertido en otra cosa.

Microrrelato publicado en En sentido figurado.

Trampas


Empezó criticándole su forma de vestir, pero ella no le dio importancia. Pensó que sólo eran celos, como cuando la dejaba en ridículo delante de sus amigos para sentirse el centro de atención. "Hombres", pensaba ella, "son todos iguales". Tardó en darse cuenta de su error, porque era difícil descubrir el engaño. Él nunca le levantó la mano, ni le gritó. Su cuerpo intacto escondía una autoestima apaleada que moría día a día sin que nadie se diera cuenta.

Microrrelato escrito con motivo del acto contra la violencia de género que se celebrará en Los Llanos de Aridane (La Palma) el día 20 de noviembre de 2010.

Fotografía de Saray Rojas.


Todos los días de tu vida

A mí me empiezan a entrar dudas, y noto que todos me observan y se preguntan "¿a qué espera?". El sacerdote mira al cielo mientras mi novio da media vuelta y se marcha al oírme decir: ¿me puede repetir la pregunta

Microrrelato escrito para participar en el concurso Relatos en Cadena. La frase de inicio debía ser "a mí me empiezan a entrar dudas".



Gran final temporada 2010 de Imaginarte

Mi texto Última voluntad ha llegado a la final de Imaginarte junto a otras tres minificciones de unos compañeros extraordinarios. Están invitados a entrar y votar por el texto que más les guste.

Espacio vital

Cuando camino por la calle, me divierte comprobar las distintas distancias corporales que marcamos sin darnos cuenta. Esto se nota especialmente en el transporte público. Por ejemplo, si eres el único pasajero y sube alguien, jamás se sentará a tu lado. De manera inconsciente, buscará un asiento libre que no esté demasiado lejos o excesivamente cerca. Es algo que he comprobado infinidad de veces, pero puedes hacer la prueba si quieres. Pues aún sabiendo que es totalmente imposible, siempre que la veo entrar espero contra todo pronóstico que se siente a mi lado. 

Por poco

Enojado, pensó dejarla. Luego recordó que la quería.

Proyecto "Escríbeme una ilustración"


La ilustradora Clara Varela está organizando un interesante proyecto que consiste en unir ámbitos como la música o la escritura con imágenes creadas por ella. Quien quiera participar, puede obtener más información en el siguiente enlace: escribemeunailustracion.blogspot.com.

Cubismo

Picasso, ¿estás seguro de que ése es mi retrato?

Involución


"En el año 2316 comenzó la involución de la humanidad". Así empieza la crónica que relata el retorno de los seres humanos a su origen. Una vez alcanzado el cénit de su desarrollo, emprendieron el camino de vuelta sin percatarse de ello. Sospecharon lo que ocurría cuando vieron que el comportamiento humano era cada vez más parecido al de los animales, y por ello decidieron dejar constancia del hecho por escrito, antes de que la capacidad lingüística desapareciera completamente. De esta manera, grabaron los hitos más relevantes del proceso en una gran losa, con la esperanza de que la piedra conservara el mensaje mucho tiempo; al menos, todo el que hiciera falta para que la humanidad volviera a su origen, y partiendo de ese punto, se regenerara de nuevo. El escribiente que dejó consignados los hechos jamás sabrá si estaban en lo cierto. De momento, la losa espera acostada sobre la tierra, mientras los descendientes de aquella humanidad primera reptan sobre ella.

Microrrelato escrito para el concurso Minificciones.com.ar. El texto debe hacer referencia a la imagen.

Venganza


Para practicar vudú, ponía en la caja. La madre miraba espantada al niño, y luego al juguete, al niño, y al juguete, alternativamente. No entendía nada. Pero hijo, ¿se puede saber para qué necesitas tú esto? Es que lo tienen todos los compañeros de clase. Pues no cuentes con que te lo compre... Pero mamá... Pero nada, nos vamos a casa, y punto, no quiero oírte una sola palabra más sobre la cosa ésta del vu... vudú, o lo que sea.

Aquella noche, el niño no pegó ojo. Herido en su orgullo, no se lo dijo a nadie. Cuando llegó cansado y ojeroso al colegio, notó que todos sus compañeros lo observaban, pero los despreció con su silencio. Él, considerado por todos el "matón" de la clase, jamás admitiría que una veintena de pinchazos intermitentes lo habían mantenido en vela toda una noche.

Microrrelato escrito para participar en el concurso ImaginArte Minificciones en Cadena. La frase de inicio debía ser "para practicar vudú".

Desconfianza

Los mensajes embotellados siguieron llegando días después del rescate.


Microrrelato ganador en ImaginArte Minificciones en Cadena



Última voluntad ha sido la minificción más votada en la 9ª quincena de ImaginArte. Gracias a todos los que ponen su granito de arena para que el concurso crezca. Un abrazo para cada uno.

Silencio

Ya no se escuchan las risas que hasta hace un momento se mezclaban, creando un alboroto compartido entre dos. Las palabras, tomando ejemplo, también abandonaron el dormitorio discretamente. Fuera, en las calles, la vida continúa bulliciosa, pero dentro se ha creado un vacío. El tacto los ha embaucado: desplazando a los demás sentidos, les ha hecho creer a ambos que no existe nada más allá del horizonte de sus cuerpos.

Microrrelato publicado en La Esfera.

Publicación de "Mi vida es una cuestión de tiempo"

La Asociación Cultural Guenaxa, organizadora del I Concurso Mi vida en 100 palabras, ha recopilado todos los textos participantes, entre los que se encuentra Mi vida es una cuestión de tiempo. Se puede acceder al libro visualizándolo online o comprándolo al precio de 8 €. Desde aquí les agradezco la iniciativa.

Última voluntad

Había aceptado cumplir el rol del muñeco, movido por una visión poética del suicidio. Con esa convicción fue clavando agujas en su propio cuerpo, mirando de reojo, entre perplejo y complacido, cómo se retorcía una pequeña réplica de sí mismo realizada para practicar vudú.



Microrrelato ganador en la 9ª quincena del concurso Imaginarte Minificciones en Cadena. La frase de inicio debía ser "había aceptado cumplir el rol del muñeco".

Libertad condicional

La marioneta escapó cortando los hilos.
Avanza arrastrándolos.

Reality show


Mientras el avión se alejaba abandonando en aquellas lejanas tierras una muestra representativa de personajes televisivos ávidos de fama, una tribu nada urbana los observaba sin que ellos se dieran cuenta. ¿Qué hacemos? Preguntaron al jefe del grupo. Tendremos que darles la bienvenida, dijo él. Todos los caníbales se mostraron de acuerdo.

Microrrelato escrito para participar en el concurso minificciones.com.ar.

Unanimidad



Todos estuvieron de acuerdo: debían añadir un nuevo ídolo a la cosmovisión de la tribu. Si bien era cierto que no proporcionaba luz y calor como el dios-sol, ni alimento para sus hijos como la madre-tierra, nadie dudó en adorar a aquel artefacto volador que escribía mensajes en el cielo. Algún día, pensaban todos, sabremos leerlos.

Microrrelato escrito para participar en el concurso Minificciones.com.ar.

Cinéfila inconformista

Algunos lloran con los melodramas, pero a mí no se me escapa ni una lágrima. No soporto que unos actores de mirada intensa traten de convencerme de que sus problemas son peores que los míos. Son más tristes las comedias de final feliz, donde los protagonistas mienten al sonreír siempre, pase lo que pase. Los thrillers tampoco me convencen, sufro más viendo las películas de dibujos animados. Es lógico. Imagina que después de una fiesta se presenta en tu casa un tipo que dice venir de parte de tu príncipe azul, y se empeña en probarte un zapato. Eso sí que da miedo.


Microrrelato escrito para participar en el concurso Relatos en Cadena. La frase de inicio debía ser "algunos lloran".



Manual de instrucciones




De pequeña solía rogarle a su madre que le contara alguna historia y, después de insistirle mucho, se quedaba tranquila escuchando el mismo cuento de todas las noches. Esa niña tiene hoy un hijo que no para de suplicarle. Al parecer, necesita un juego para un aparato electrónico del que ella no sabe ni para qué sirve ni cómo se enciende. Impotente ante los lamentos del niño, piensa que tendrá que sentarse a estudiar el uso de semejante artilugio y, lo más complicado, el funcionamiento de su hijo.

Microrrelato publicado en La Esfera Cultural.

Celos

Despierta, escucho tu respiración.
"Sueña conmigo", te susurro intranquila.



Teología del día a día

Como los ángeles al caer el sol, así llegan sus hijos a casa los domingos por la tarde, después de pasar el fin de semana con su padre. Para ellos, él es Dios, así que a ella no le ha quedado otro remedio que identificarse de lunes a viernes con el demonio. Algún día entenderán que las cosas no eran como pensaban, y que en realidad sus padres vivían en dos purgatorios personales, hechos a la medida de sus actos. Pero aún falta mucho tiempo para eso. De momento, los niños están en el limbo.

Microrrelato escrito para participar en el concurso Relatos en Cadena. La frase de inicio debía ser "como los ángeles al caer el sol".

Distancias




Todo el que conoce Santa Cruz de La Palma sabe que la Calle Real es la más larga del mundo. A pesar de los cálculos realizados, nadie sabe exactamente cuánto tiempo se necesita para llegar desde Correos hasta La Alameda. Por eso, siempre que salgo de casa lo hago con tiempo suficiente, pues la experiencia me dice que tendré que detenerme muchas veces por el camino. Sólo hay una cosa para la que nunca estoy preparada, y es que nada me resulta más difícil que salvar el abismo de treinta centímetros que nos aísla para saludarte con un beso.

Microrrelato escrito para el encuentro de relatos sobre La Palma organizado por el blog Aprendiz de palabras.
Fotografía de Nieves Pérez.

Modelos

Le dice al oído en una de las arremetidas que es imbécil, que no sabe cómo pudo casarse con alguien como ella. Los dos creen que eso es cierto. Es más, el hijo de ambos también lo piensa. Cuando sea adulto, no pegará a su mujer porque estará mal visto, pero creerá que no vale nada y se lo hará saber siempre que pueda. Si no lo hiciera así, ¿cómo educaría a sus hijos?

Microrrelato escrito para el Concurso Imaginarte Minificciones en Cadena. La frase de inicio debía ser "Le dice al oído en una de las arremetidas".

Cita ineludible



"¿Cómo te atreves a venir ahora? Tardaste tanto que ya no te esperaba". Aunque él era incapaz de disimular su enojo, ella se mantuvo impasible. "Puedo retrasarme, pero siempre llego", dijo la Muerte.

Microrrelato publicado en La Esfera Cultural.

Maneras de vivir

Vive en la calle por decisión propia. Nadie puede obligarle a dormir en una cama con sábanas limpias en lugar de una playa techada de estrellas, y él lo sabe. Sentado en cualquier parte, contempla el ir y venir de la gente que pasa a su lado, observa cómo lo evitan, cómo marcan distancias. Ilusos. Ciegos de prejuicios, son incapaces de ver que es él quien no quiere saber nada de ellos.

Gula primigenia

Y dio otro bocado, y otro más, hasta terminar de comer toda la manzana. Total, pensó Adán, ¿qué es lo peor que nos puede pasar?


Microrrelato escrito para el Concurso Relatos en Cadena. La frase de inicio debía ser "Y dio otro bocado".

Telebasura

"Ya están aquí..." decía una voz infantil desde el televisor. Cómo odiaba que su hija viera ese tipo de películas. Espíritus, extraterrestres, psicofonías... Algún día tendrá que sentarse a hablar seriamente con ella, antes de que se crea todas esas pamplinas. Lo ve venir: se convertirá en una inadaptada. Ningún niño querrá jugar con ella cuando regresen a su planeta.


Microrrelato escrito para participar en la reunión de relatos sobre extraterrestres del blog Diario de Anónima Mente.

Mi vida es una cuestión de tiempo

Siempre he sido muy independiente. Por eso nací antes de lo previsto y pasé un mes alejada de mis padres, en una incubadora. Al final me llevaron a casa, donde reiné en solitario hasta la llegada de mi hermano. Con él estuve siempre en guerra hasta que fui a la Universidad. Le brillaban los ojos cuando me dejaron en el aeropuerto.

Obtuve la licenciatura en los años previstos, pero tardé algunos más en encontrar trabajo fijo. Ahora pierdo tiempo explicando qué es ser archivera. Sí, digo a quien pregunta, hay que estudiar para saber guardar papeles en cajas.
 
 
Este microrrelato participó en el I Concurso de Microrrelatos "Tu vida en 100 palabras"  (Asociación Cultural Guenaxa)

Veteranos

El mañana les espera con las manos vacías, y ellos le sonríen abiertamente. Después de tantos años de penas y glorias por fin han aprendido que sólo son dueños del momento preciso en el que viven. Ya no tienen miedo a nada, ni siquiera a la muerte. Que venga el mañana, si quiere. Ellos no piensan ir a su encuentro.


(Microrrelato escrito para el Concurso ImaginArte Minificciones en Cadena. La frase de inicio debe ser "El mañana les espera con las manos vacías")

Persistencia

"A la tercera va la vencida", pensó cuando se casó con su tercera ex esposa. Hoy repite el trámite con la misma ilusión de las veces anteriores. Sonriente, piensa convencido: "A la tercera mujer rubia va la vencida".

(Microrrelato escrito para la reunión de relatos sobre frases hechas del blog de Anónima Mente)

Pasen y vean

Anoche me despertó gritando. Medio dormido, le pregunté ¿qué pasa? Nada, era sólo una pesadilla, dijo ella con alivio. Soñé que estábamos en un circo, rodeados de gente extraña. Había un ventrílocuo con un muñeco horrible, payasos que no paraban de reír y una mujer barbuda que no dejaba de mirarme. Hacían mucho ruido y yo lo único que quería era irme a casa contigo. Bueno, no pasa nada, le dije mientras la abrazaba, era sólo un sueño sobre un circo. No me entiendes, me dijo angustiada. Nosotros estábamos en el escenario. Ellos eran los espectadores.


(Microrrelato escrito para la reunión de relatos sobre el circo del blog de Anónima Mente)

Lenguaje corporal

Él sabe de sobra que los gestos delatan a las personas. De hecho, se gana la vida interpretándolos. Su sagacidad al respecto es conocida en el mundo empresarial, aunque también lo llaman algunos particulares. En cualquier caso, actúa un poco como un mago: nunca revela sus trucos. Y es que hay algunos muy sencillos. Le basta ver que una persona responde a una pregunta mirando hacia la izquierda para saber no es de fiar: esa persona miente. 

Desde hace un tiempo, está llevando el trabajo más allá de los límites estrictamente profesionales. Conocedor del misterioso lenguaje del cuerpo humano en general, está adaptando los gestos del suyo en particular para esconder sus infidelidades. Por eso, cuando llega tarde a casa y su mujer le pregunta dónde ha estado, él mira hacia la derecha y se apresura a responder que ha tenido mucho trabajo. Ya, yo también, le dice ella mirando hacia la izquierda.

Lenguaje no verbal

Abandonando la duda a la suave brisa generada por su abanico, la joven dama se valió de éste y del indiscreto brillo de sus ojos para expresarle a su amante todo aquello que no le estaba permitido decir con palabras.

(Microrrelato escrito para participar en el concurso ImaginArte Minificciones en Cadena. La frase de inicio deber ser "abandonando la duda a la suave brisa")

Volcán

   Siguiéndote la corriente, dije que sí, que sentía el calor del Teneguía y la energía telúrica que transmite debajo de mis dedos. Y en realidad era incapaz de notar nada, pendiente como estaba del calor de tu mano sobre la mía.

Ser o no ser

Nada más morir, el abad benedictino pudo comprobar dos hechos fundamentales. Primero, que existe vida después de la muerte, cosa de la que nunca estuvo completamente seguro, y segundo, que es posible elegir la manera de vivirla. Desde entonces lleva siglos reencarnándose con el único objetivo de vengar su muerte primera, pero hasta el día de hoy no ha logrado encontrar a su asesino. Al fin tiene la certeza de tenerlo frente a él, pero no es capaz de reaccionar. "Te presento a mi padre", le ha dicho su novia.
(Microrrelato escrito para la reunión de relatos sobre fantasmas y sucesos extraños del blog de Anónima Mente: diariodeanonimamente.blogspot.com)

Perspectiva

"Es el destino", pensaron cuando dijeron sí quiero mirándose a los ojos. Ahora, mientras discuten las condiciones del divorcio, sólo tienen una idea en mente: maldita casualidad.




Microrrelato publicado en La esfera cultural.

Fotografía: Caminos, de Saray Rojas.

Cambio de planes

Nada más llegar a casa, se afloja la corbata. Por desgracia, no es lo único que lo ahoga. Hace tiempo que trata de disimular el mal estado de su economía, pero cada vez le resulta más difícil. Empezó comparando precios y recortando gastos superfluos, pero ya no es suficiente. Es consciente de que no podrá ir de vacaciones con su mujer y sus hijos, y no sabe cómo decírselo a los niños. Hace tiempo que sueñan con parques de atracciones y copas de helado de tamaños imposibles, y no quiere desilusionarlos. De momento, piensa llevarlos esa misma tarde a jugar a un lugar apartado al que solía ir con su padre, una zona llena de árboles que no está lejos de la ciudad. Luego, ya se verá.
Cuando llegan, los niños no muestran mucho entusiasmo. El mayor, más aventurero que sus dos hermanas, comienza por inspeccionar el terreno. Las niñas se quedan con el padre. Él quiere enseñarles un juego, y para eso les pide que busquen algunas piedras. Como ésta, les dice, mostrándoles un pequeño canto entre sus dedos. Las niñas se miran. No entienden qué diversión puede haber en eso, pero no quieren decepcionar al padre. Al cabo de unos minutos tienen ya suficientes piedras. El niño se ha unido a sus hermanas, y ahora los tres escuchan atentos al padre. Es sencillo, les dice, pero se necesita rapidez. Con una sola mano, lanzamos una de las piedras al aire y la recogemos, pero el tiempo que tarda en caer, debemos coger una de las que están en el suelo. El padre abre la mano orgulloso, mostrándoles las dos piedras. El juego se va complicando, continúa, pues ahora son dos las piedras que tenemos que lanzar al aire, y además coger una tercera. Los niños miran atónitos cómo el padre consigue atesorar tres pequeñas piedras en su mano, luego cuatro, cinco... ¿Quieren probar? Les pregunta. Ellos practican, pero les resulta difícil. Aún así, lo siguen intentando. Y así, entre risas y juegos, pasan la tarde. Es posible escucharlos desde la carretera.
Cuando regresan al coche, ya es casi de noche. El padre los observa por el retrovisor mientras recuerdan los momentos más divertidos. Papá, tenemos que repetirlo, dice una de las niñas. Claro que sí, le responde, de eso precisamente quería hablarles...
(Relato escrito para la reunión de relatos sobre crisis del blog de Anónima Mente: diariodeanonimamente.blogspot.com)

Una historia como otra cualquiera

Acurrucados en el sofá, intentan ver una película mientras luchan para que no se les cierren los ojos. En la pantalla, la pareja protagonista parece tener una vida mucho más interesante que aquella otra que intercambia bostezos. ¿Hago zapping?, pregunta ella. No, dice él, quiero ver el final. Ambos saben que es mentira. La historia no tiene argumento, pero el físico de la protagonista hace menos importante esa carencia. La mujer del sofá no puede evitar una sonrisa. Abrazada a su marido, se queda dormida mientras fantasea con el actor principal. ¿Vamos al dormitorio? Vaya, su marido ha tenido que despertarla justo ahora. Sí, le responde, hay que levantarse temprano. Vencidos por el cansancio, los dos caminan despacio hacia la habitación. Los cuatro se meten en la cama.

Anuncio clasificado

Persona muy ocupada necesita a alguien capaz de luchar por sueños ajenos.

(Microrrelato ganador en la reunión de relatos sobre nuevos oficios del blog de Anónima Mente)

Pigmalión

La habitación está prácticamente en silencio. Sólo se escucha la respiración entrecortada de Pigmalión y el contacto de la gubia sobre el marfil, en el que poco a poco va formándose la figura de una mujer. Pigmalión la talla con paciencia, observando cada detalle, calibrando cada gesto. Apenas terminada, se da cuenta de que es la escultura más hermosa de cuantas ha hecho. Incrédulo, admira su propia obra. Acaricia cada volumen, cada pliegue. Su mirada se pierde en los ojos trepanados, profundos, y se desliza hasta llegar a los labios. Allí se queda, hasta que se atreve a besarlos. Nota cómo la frialdad del marfil le roba su propio calor, y siente deseos de abrazar a aquella mujer. Muy despacio, acerca su cuerpo al de ella. Atormentado por la rigidez de su contacto, la estrecha aún con más fuerza. Y así, sintiendo el dolor que le produce la presión del marfil en su cuerpo, le pide a la diosa Venus que le conceda una mujer semejante a ésa que no puede responder a sus caricias. Entonces nota cómo sus manos ahondan en la escultura, cómo son capaces de dejar marcada la piel. Acaricia la espalda, y un estremecimiento recorre el cuerpo entero. Mira sus ojos, y vuelve a perderse en su profundidad, esta vez sin límites. Besa sus labios, y éstos lo acogen cálidos. La habitación sigue estando prácticamente en silencio. Sólo se escuchan dos respiraciones entrecortadas.

Tejidos

De todos los colores entre los que puede elegir, la niña escoge un pequeño ovillo malva claro. Su madre le deja una de sus agujas y la sienta junto a ella. En realidad, la niña no sabe tejer, pero se entretiene enredando el hilo en la aguja bajo la supervisión atenta de su madre. La pequeña trata de imitarla, mientras la madre teje algo que aún no tiene forma, pero que ya posee infinidad de colores: el naranja luminoso de los días más felices, el gris pálido de aquéllos en los que no está para nadie, el azul celeste de cuando se siente feliz con ella misma, el verde botella de los momentos en los que sólo busca esperanza...

La niña lleva un rato observándola. Con paciencia, desenreda todo el hilo de su aguja y se lo ofrece a su madre: Quiere que el malva claro forme parte del tejido. La mujer sonríe y abraza a la pequeña. Acepta su sugerencia, aunque sabe que es innecesaria: La niña es un hermoso hilo dorado con el que teje desde hace tiempo.

(Para Johanna Rosbeck: Gracias por tu hilo. Espero que encuentres los colores más maravillosos)

Puzle

Me quedan sólo unos pocos recuerdos del tiempo que pasamos juntos. Siempre que escucho las Bachianas brasileiras de Villa-Lobos, me vienen a la mente las primeras tardes que quedamos para vernos, porque las estuve escuchando infinidad de veces durante esos días. Lo cruel de los recuerdos es que son personales, y por eso sé que aunque esa música me parta por la mitad, a ti te deja indiferente. Sospecho que te pasa lo mismo con otros sonidos que para mí carecen de significado.

De las conversaciones que mantuvimos, lo más probable es que cada uno recuerde retazos diferentes, inconexos, imposibles de hilvanar.

El olor del champú que usabas, tu forma de reír, tus ojos siempre sorprendidos... Son cosas que puedo evocar fácilmente, y por eso supongo que no voy a poder olvidarlas.

En medio de todos estos recuerdos hay un buen número de espacios vacíos. A nuestra relación le faltan piezas: ya no podemos reconstruirla.

(Microrrelato participante en la reunión de microrrelatos sobre desamor del blog de Anonima Mente: http://diariodeanonimamente.blogspot.com/).

Microrrelatados

Al principio eran sólo alusiones veladas, así que no me preocupé. Con el tiempo, los comentarios se hicieron cada vez más explícitos, pero seguí sin darles mayor importancia. Cuando empecé a encontrar notas en el parabrisas de mi coche, pensé que había gente con mal sentido del humor y mucho tiempo libre, pero ahora ya estoy harta. Tengo el buzón de mi correo electrónico completamente saturado e infinidad de comentarios en mi blog. He tenido que apagar el móvil, porque no dejo de recibir mensajes y llamadas. Apenas salgo ya de casa… Trato de hacerles entender que es normal, que cualquier persona que conozco puede convertirse en un personaje de mis microrrelatos, pero no lo comprenden. Aún así, no pierdo la esperanza. Por eso me siento delante del ordenador y escribo: “Al principio eran sólo alusiones veladas…”.

(Microrrelato escrito para la reunión de meta-microrrelatos del blog de Anonima Mente:
http://diariodeanonimamente.blogspot.com/).

Reliquia

Después de seccionarse el lóbulo de la oreja izquierda, Vincent Van Gogh guardó aquella pequeña parte de sí mismo en una cajita, y se dirigió a un burdel de la Rue du Bout para entregar tan original presente a una mujer llamada Rachel. "Guarde este objeto con cuidado", le dijo, y se marchó a la Casa Amarilla.

Nadie supo las razones que llevaron a Van Gogh a hacer algo así. Su gesto quedó vacío de contenido, como tantos otros a lo largo de su vida. Pero no le importó. Con la oreja vendada, sigue pintando. Se autorretrata. No habla de lo ocurrido, sólo trabaja en sus obras. Sabe que es difícil encontrar un comprador, pero no deja de intentarlo. Tiene dificultades para relacionarse con los demás, pero sigue buscando calor humano. Van Gogh no lo sabe, pero el tiempo, irónico, le dará la vuelta a las cosas. Sus obras llegarán a tener un valor impensable, y el rechazo que sufrió en vida se volverá admiración después de su muerte. De conservarse el contenido de aquella caja perdida en un burdel, sería visto de manera distinta: una reliquia.

Iniciación

Cuando el vampiro me convirtió en lo que soy, me faltaba muy poco para llegar a casa. Recuerdo que tenía las llaves en la mano cuando noté que alguien se abalanzaba sobre mí. No puedo evitar sonreír cada vez que lo pienso, pero creí que podría defenderme clavándoselas tan fuerte como me fuera posible. Ahora sé que mi estrategia no hubiera funcionado, pero debo reconocer que en aquella época yo era muy inocente.

Tras saciarse con mi sangre, el vampiro me ofreció su muñeca con una única instrucción: Bebe. No tuve otra elección. Nunca antes había sentido tanta sed. Creía conocer los síntomas por las películas que había visto, pero jamás pensé que fuese algo tan terrible, tan doloroso. El vampiro me leyó la mente y sonrió. "Hay muchas cosas que no son como las cuentan", me dijo, "pero las irás descubriendo por ti mismo. Lo principal que debes saber, es que la luz del sol no puede hacernos daño, y que nuestros colmillos no dejan marcas de ningún tipo. Con esto te basta por ahora. Ya estás preparado para buscar alimento confundiéndote entre la gente". Y así fue. No me dio más explicaciones, así que pienso actuar igual que él. Sólo te cuento esto para que sepas lo que te espera.

(Microrrelato participante en el VIII Certamen Internacional de Microcuento Fantástico miNatura 2010)

Retorno

Todos los días repetimos la misma escena. Sentada a tu lado, sosteniendo un plato de comida triturada en una mano y un cubierto en la otra, te suplico que comas. Sé que me oyes, aunque no hay signos de ello en tu mirada perdida, y a veces tengo la sensación de que no me conoces. Trato de convencerte de que abras la boca, pero aprietas los labios y haces de cada bocado una lucha.
Mientras tanto, continúo mirándote a los ojos y trato de encontrar en ellos a aquella mujer que dio a luz a una niña prematura. No sé si lo recuerdas, pero durante un mes fuiste todos los días al hospital para darme de comer. Puedo imaginar los nervios que tendrías al alimentar un cuerpo tan pequeño, tu preocupación por mantenerme viva.
Y después de tantos años, soy yo la que intenta que comas, pero te niegas a hacerlo. Veo cómo tu cuerpo mengua y se hace cada vez más frágil, reducido a piel y huesos. Y ojos. Unos ojos que parecen ver algo que yo aún no entiendo.

Relato publicado en La Esfera Cultural.

Escapa de lo convencional

La idea del anuncio estaba clara: sobre un fondo verde que representaría un estadio, una serie de figuras jugarían al fútbol mientras una de ellas se aleja del grupo sobre una bicicleta. El lema: “escapa de lo convencional”.

Todos los creativos se felicitaron y se mostraron de acuerdo. Todos, vestidos con traje de chaqueta, desearon llegar a sus casas para quitarse la corbata, pero celebraron el momento brindando con vino. Todos consultaron un par de veces el reloj, pero decidieron esperar un poco para marcharse. Por la noche, todos comentaron con sus familias el éxito que tendría la campaña publicitaria. Todos aseguraron que convencerían al mundo de que comprar su producto era la mejor forma de ser diferente. Y el mundo les dio la razón.

(Relato enviado al concurso Minificciones.com.ar: http://minificciones.com.ar/?page_id=91#comment-11536)

A cuatro manos

Cuando la condesa Caroline Esterzázy le preguntó a su profesor de música, Franz Schubert, por qué razón no le dedicaba una obra, el joven compositor le respondió que eso era innecesario, pues todo lo que escribía lo hacía pensando en ella. Esta tímida declaración de amor brotó de lo más hondo del corazón del músico de manera espontánea y sin esperanza, pues no podían amarse. La diferencia social existente entre ambos y la enfermedad venérea que él padecía en secreto hicieron que Schubert sólo pudiera aspirar a estar junto a Caroline el tiempo que compartían tocando el piano. Por eso, pensando en ella y para ella, escribió partituras donde los dedos de ambos pudieran encontrarse y entenderse, donde les estuviera permitido sentirse sin obstáculos. De esta manera, de las múltiples formas que puede adoptar el amor, entre las cuales la más común es el contacto entre dos cuerpos, Schubert eligió entenderlo a cuatro. Para él, el amor era a cuatro manos.

Momento único

Pedro, el oculista, ha salido corriendo. Atónitos, sus pacientes lo ven alejarse por el pasillo. No logran entenderlo. Es más, nunca han presenciado algo así.
Pedro sigue corriendo, y a su paso va dejando la misma expresión de asombro en todo aquél que lo ve atravesar el hospital. La mayoría lo identifica como el doctor Ruipérez, el conocido oftalmólogo, pero en ese momento es sólo un hombre que corre para llegar a tiempo. Y parece que va a conseguirlo. Al fondo, ve una enfermera que le sonríe. Cuando llega a su lado, está sin aliento. Llegas tarde, le dice ella. Tu mujer ha tenido un niño.

(Relato escrito para el concurso Relatos en Cadena: escueladeescritores.com/concurso-cadena-ser. El comienzo debía ser "Pedro, el oculista, ha salido corriendo")

La familia de las cuerdas

Desconsolado, el violín le dijo a la viola: de mayor, ¿podré ser un violonchelo?

Se busca creyente

Hace ya tiempo que aquí nadie cree en los milagros. Ya nadie cree en Dios, ni en el prójimo. Ni siquiera, en uno mismo.

Nadie cree en la bondad humana, ni en el amor a primera vista. Tampoco a segunda o tercera.

No hay quien crea en Los Reyes Magos o en los cuentos, sean de la índole que sean.

Nadie cree ya en las promesas.

Todo el que llega a este lugar, lo hace de paso. Nadie lo habita. Alguien que estuvo aquí dejó un cartel que dice “se busca creyente”.

(Relato escrito para el concurso Relatos en Cadena: escueladeescritores.com/concurso-cadena-ser. El comienzo debía ser "hace ya tiempo que aquí nadie cree en los milagros")

Identidad

Han pasado muchos años desde la primera vez que durmieron juntos y, a partir de entonces, lo han hecho siempre de la misma manera. Arropados entre las sábanas, sus cuerpos se buscan mutuamente hasta que se encuentran y se adaptan perfectamente el uno al otro. Y así, abrazados, aguardan a que llegue el sueño.

El paso del tiempo ha hecho mella en ambos. Sus cuerpos de ahora, sólo recuerdan de manera vaga a aquéllos que fueron. Poco a poco, se han ido convirtiendo en otros que continúan abrazándose de la misma manera. Sin embargo, es justo en ese instante en el que transitan de la vigilia al sueño, cuando sus cuerpos se reconocen mutuamente y saben, que aunque se empeñen en reflejar lo contrario, bajo la piel siguen siendo ellos.

Arte efímero

La cena se enfriaba en la mesa, pero a nadie parecía importarle. El estruendo de los fuegos artificiales y sus arabescos multicolores atrapaban la atención de todos, grandes y pequeños, quienes permanecíamos arracimados ante una ventana claramente insuficiente para ejercer de palco de un espectáculo tan concurrido. Pero allí estábamos, como cada año, repitiendo la misma escena que ocurría simultáneamente en otras ventanas similares, admirando la belleza y fugacidad de unas luces que morían al poco de tiempo de nacer. Sin embargo, a mí nunca me gustaron, porque sentía que las luces nos observaban y se reían de nosotros. Ellas, siempre iguales. Nosotros, cada año más viejos.

(Relato escrito para el concurso Relatos en Cadena: escueladeescritores.com/concurso-cadena-ser. La frase de inicio debía ser "la cena se enfriaba en la mesa")

Des-encuentros

Mientras ella subía al tercer piso de un centro comercial cualquiera, él bajaba por la escalera mecánica contigua a la suya. Durante unos segundos estuvieron muy cerca el uno del otro. Tanto, que podrían haberse mirado o haber intercambiado algunas palabras. Sin embargo, no lo hicieron. Ninguno acusó la presencia del otro, porque no se conocían. A pesar de que terminarán amando cada centímetro de la piel del otro y necesitando su contacto para ser un poco más felices, ni siquiera recordarán ese día en el que coincidieron por primera vez. Porque no lo sabían. Él tendrá que pasar un proceso de divorcio, y ella deberá cambiar de trabajo. Entonces se encontrarán, pero no antes. Por eso ahora cada uno sigue su camino. De espaldas, se alejan el uno del otro.

Sigilo profesional

No dije que lo sabía. Cuando llamó para contármelo, yo ya estaba subiendo al taxi, así que lo tenía todo decidido. Simplemente le dije que no podía creer que nos hubiera tocado la lotería, que qué bien, y que en cinco minutos estaría en su casa para celebrarlo. Cuando me despedí, noté que el taxista había estado pendiente de la conversación. Sonriente, trató de felicitarme, pero lo interrumpí enseguida y ya no volvió a dirigirme la palabra hasta que llegamos. En la media hora que duró el trayecto, sólo se escuchó una frase: “al aeropuerto, por favor”.

(Relato escrito para el concurso Relatos en Cadena: escueladeescritores.com/concurso-cadena-ser. La frase de inicio debía ser "no dije que lo sabía")

Papiroflexia

Siempre le había gustado la papiroflexia. Cuando era pequeña, su padre le había enseñado algunas formas básicas, como el clásico avión, el barco, o la pajarita. A partir de ese momento, siguió investigando por su cuenta nuevas formas de transformar el papel, convirtiendo cada pedazo que caía en sus manos en algo sorprendente. En pocos segundos, las servilletas de las cafeterías se convertían en una flota improvisada, y las cartas del banco pasaban a ser un zoológico de lo más variopinto, donde un elefante y una paloma podían convivir junto a un dragón o un brontosaurio
Una tarde, como tantas otras veces, tomó el papel que tenía ante ella y lo dobló por la mitad. Luego, siguió ensayando nuevos pliegues, hasta obtener una figura. Poco convencida, observó el resultado y frunció el ceño. Uno a uno, desanduvo todos sus pasos hasta tener entre sus manos un trozo de papel arrugado. Lo contempló durante unos instantes, y lo guardó en el cajón de su mesa de noche, a la espera de un nuevo intento.
Sin embargo, sabía que jamás conseguiría transformar ese papel. Por muchos dobleces que hiciera, seguiría siendo lo mismo: una nota escrita por su padre justo antes de quitarse la vida.

Confusión

Él era miope y despistado, y por eso trataba de compensar su total ensimismamiento con grandes dosis de planificación. Nunca dejaba algo al azar, todo en su vida estaba medido y calculado con precisión.
Mantenía desde hacía tiempo una relación estable con la hija de su jefe, una mujer tranquila, de hábitos también predecibles -es decir, una mujer acorde a las circunstancias. Tenían por costumbre ir juntos al cine los domingos, siempre a la misma hora. Sin embargo, aquel día ella no se presentó.
Durante unos instantes él se sintió confuso, frustrado, pero decidió continuar con sus planes como si nada hubiera ocurrido. No había nada que le irritara más que lo imprevisto…
Cuando se apagó la luz de la sala, la vio entrar y le hizo señas para que acudiera a sentarse a su lado. Él suspiró aliviado pues todo parecía volver a su cauce normal… Todo salvo un detalle, y es que la chica que se había acomodado en la butaca de al lado y que ahora le miraba con ojos tiernos no era ella.
“Por fin te has decidido”, le susurró al oído una voz insinuante. Por toda respuesta recibió una mirada llena de asombro. Reconocía a la mujer sentada a su lado, pues eran compañeros de trabajo, y sabía que ella sentía atracción por él, pero nunca había hecho caso de sus insinuaciones más o menos manifiestas. Y ahora la tenía sentada a su lado y le permitía que se abrazara a él... La situación le parecía tan descabellada e irreal que no podía ser cierta. Sumido en la confusión, se mantuvo callado toda la película.
Cuando salieron del cine ya había anochecido. Un escalofrío recorrió la espalda de él, no tanto porque su abrigo era insuficiente como por el desasosiego de no saber qué hacer. Se sentía culpable, y no se creía capaz de aclarar la situación. Al fin logró articular una pregunta: “¿Cómo actuaremos mañana, cuando lleguemos a la oficina?”. “¿Mañana?”- preguntó ella a su vez- “Mañana es domingo”.

Tengo un problema

Desde hace poco tiempo he notado que, cuando me pongo los zapatos, siempre empiezo por el derecho. Y lo mismo me ocurre con los calcetines y con los pantalones. Sin embargo, soy incapaz de hablar por teléfono sosteniéndolo con la mano derecha, y al peinarme empiezo siempre por el lado izquierdo. Nunca cambio. Y eso me preocupa, porque con los años las tendencias que tenemos se acentúan. Y yo no quiero convertirme en un maniático... Tengo que hacer algo, y tengo que hacerlo ya. A partir de hoy, comenzaré a hacerlo todo por el mismo lado. Lo que no tengo claro es si empiezo por el derecho o por el izquierdo.

Derecho de admisión

Cuando aquella mujer entró en la cafetería, nadie le prestó atención. Sin embargo, el dueño del local la veía con otros ojos. Aquí no puedes estar, le dijo. ¿Por qué no? Pues porque aquí no quiero prostitutas. Las miradas de los clientes se dividieron en dos bandos, unas hacia el suelo, otras hacia ella. Pero yo sólo quiero desayunar, replicó. Aquí no. Antes de irse, intentó un último ruego: pero Miguel...