Derecho de admisión

Cuando aquella mujer entró en la cafetería, nadie le prestó atención. Sin embargo, el dueño del local la veía con otros ojos. Aquí no puedes estar, le dijo. ¿Por qué no? Pues porque aquí no quiero prostitutas. Las miradas de los clientes se dividieron en dos bandos, unas hacia el suelo, otras hacia ella. Pero yo sólo quiero desayunar, replicó. Aquí no. Antes de irse, intentó un último ruego: pero Miguel...

2 comentarios:

Maruchi dijo...

Esta historia la he vivido contigo...en Madrid ¿la recuerdas? si no fue así fue muy parecida, una cafetería en Madrid, un sábado a las 7 de la mañana con un frío espantoso.

Belén Lorenzo dijo...

Sí!!! Es triste, pero es verdad. No fue exactamente así, pero casi. Lo recuerdo perfectamente: la situación, lo que desayunamos, el sueño que teníamos, el frío, los nervios...