Reliquia

Después de seccionarse el lóbulo de la oreja izquierda, Vincent Van Gogh guardó aquella pequeña parte de sí mismo en una cajita, y se dirigió a un burdel de la Rue du Bout para entregar tan original presente a una mujer llamada Rachel. "Guarde este objeto con cuidado", le dijo, y se marchó a la Casa Amarilla.

Nadie supo las razones que llevaron a Van Gogh a hacer algo así. Su gesto quedó vacío de contenido, como tantos otros a lo largo de su vida. Pero no le importó. Con la oreja vendada, sigue pintando. Se autorretrata. No habla de lo ocurrido, sólo trabaja en sus obras. Sabe que es difícil encontrar un comprador, pero no deja de intentarlo. Tiene dificultades para relacionarse con los demás, pero sigue buscando calor humano. Van Gogh no lo sabe, pero el tiempo, irónico, le dará la vuelta a las cosas. Sus obras llegarán a tener un valor impensable, y el rechazo que sufrió en vida se volverá admiración después de su muerte. De conservarse el contenido de aquella caja perdida en un burdel, sería visto de manera distinta: una reliquia.

5 comentarios:

Su dijo...

Suele pasar que después de muertos es cuando se valora como se debía algunas personas.
Muy bonito,
besos

Belén Lorenzo dijo...

Sí, por desgracia no es algo extraño. Lo peor es cuando se trata de una persona cercana a la que no se ha valorado a nivel humano. Entonces sí que el daño resulta especialmente irreparable. Por eso es importante la cercacía, tener gestos ahora y no dejarlo todo para después.
Un abrazo desde ya :o)

Jesús dijo...

A partir de ahora pienso guardar todas las uñas de los pies...... (de los mios,claro) gracias Belén por la idea!!!

Anita Dinamita dijo...

¿¿Será proporcional el grado de rechazo en vida en relación con el de admiración y valor de la obra tras la muerte?? ¿¿hay estadísticas de eso??
Muy bonito Belén
Un beso

Belén Lorenzo dijo...

Jesús, haz lo que quieras, pero luego no me pidas que las guarde!! :o)

Anita, supongo que en el fondo no, porque hay casos de gente que se ganó el reconocimiento en vida, pero sí es verdad que hay personas que tienden a separase del resto porque son excepcionales. En el caso concreto de Van Gogh, se daban circunstancias muy particulares. En una carta a su hermano, escribió algo así como "se puede tener, en lo más profundo del alma, un corazón cálido, y sin embargo, puede ser que nadie acuda a él". ¿Puede haber algo más triste? Mientras estuvo vivo no encontró su sitio, ni en la vida ni en el arte.