8 segundos

   Escuchaban el rugido de un camión y continuaban jugando como si no pasara nada. Sin embargo, ya estaban en alerta. Entretenidos, intentaban pensar en otra cosa mientras el ruido se acercaba. Y entonces, lo que estaban esperando ocurría. El sonido de un claxon los avisaba de que debían correr hacia la barandilla que separaba la casa de la carretera. Allí, asomados a la vía desde un patio elevado, saludaban sonriendo a su padre durante el único tiempo que, tal vez, pasaría ese día con ellos.


4 comentarios:

Estefanía Toro dijo...

Conmovedor... Ahora se concilia algo más, pero recuerdo a mi madre decir que a mi abuelo apenas le veían.

Belén Lorenzo dijo...

Muchas gracias, Estefanía!

Hola, me llamo Julio David dijo...

La belleza de un instante, por lo efímero, le da más vigor y sentido y peso dramático a lo vivido.

Otro buen microrrelato. Saludos, Belén!

Belén Lorenzo dijo...

Mil gracias...
Un abrazo.